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viernes, 12 de noviembre de 2010

Israel y el impuesto a las sobreganancias


Fuentte: La República

Por Humberto Campodónico

En el 2009, el consorcio petrolero norteamericano-israelí Noble-Delev descubrió gas natural en Israel, en el Mediterráneo Oriental. Primero se dijo que las reservas eran 6 billones de pies cúbicos (bpc; tcf, en inglés), pero ahora se estiman en 8.4 bpc (como Camisea). Noble ha dicho que el total podría llegar a 30 bpc, lo que duplica las reservas del Reino Unido.

En Israel, país que consume 320,000 barriles diarios de petróleo (el 95% importados) la noticia fue calificada de “excelente”, pues le permitirá avanzar al autoabastecimiento energético, sustituirá una buena parte del consumo de petróleo y permitirá generar energía eléctrica a precios competitivos.

En el 2010, el Ministro de Finanzas Yuval Steinitz designó una comisión presidida por Eytan Sheshinski, de la Universidad Hebrea, para que examine la política fiscal de regalías e impuestos de los recursos naturales y proponga mejoras a la actual Ley de Petróleo. Después de una revisión de diferentes modelos de contratos y tributación petrolera en diferentes partes del mundo, la comisión presentó su propuesta.

Dice la Comisión Sheshinski que el nivel actual de ingresos gubernamentales es de solo 27% del total, uno de los más bajos del mundo, por lo cual debe elevarse. Propone que la regalía actual de 12.5% se mantenga igual, pero se suprime el “factor agotamiento” de reservas (que se trata como un costo de la empresa y reduce el impuesto a la renta).

Además, la Comisión propone cambios en el impuesto a la renta (IR, que actualmente es de 25%). El primero es que el IR se cobre de acuerdo a la producción de cada pozo (y no sobre los ingresos totales de la empresa), porque eso les permitía una serie de deducciones que disminuían la tributación total.

El segundo es que el total de tributación se va a elevar al 66% en toda la vida del proyecto, nivel al cual se llegará mediante la aplicación de una nueva escala impositiva variable que va del 20 al 60%. Hasta que la recuperación de la inversión llegue al 50%, la tasa del IR será de 20%. El IR va subiendo poco a poco hasta el máximo de 60%, que se cobra cuando la empresa haya recuperado el 150% de su inversión inicial, lo que garantiza una adecuada rentabilidad.

Además, que estos cambios legales se aplicarán a los contratos vigentes, lo que incluye a Noble-Delev. Como era de esperarse, el consorcio se ha quejado en todos los tonos y afirma que peleará para que no se aprueben en el Congreso en diciembre. Pero Steinitz ha dicho que los israelíes no pueden ser menos que los noruegos, holandeses y norteamericanos: “deben beneficiarse de sus recursos naturales, de acuerdo a los criterios normales del mundo desarrollado” (Jerusalem Post, 9/11/2010).

Como se aprecia, se plantea que el Estado capture una mayor renta de los recursos naturales. Agreguemos que el gobierno de Netanyahu es un gobierno de ultraderecha por lo que de ninguna manera podría ser calificado de “antisistema”.

Pero eso no sucede en el Perú donde los defensores nacionales de los intereses de las empresas mineras se oponen a cualquier tipo de impuesto a las sobreganancias, no solo de las empresas que ya están explotando el recurso, sino de los cambios que se deben introducir a nuestras leyes para modernizarlas (como hace Israel) y aplicarlas en los nuevos contratos. Tienen el cuajo, además, de decir que es inmoral impedir que estas empresas se sigan llevando las sobreganancias a manos llenas.

La cuestión de fondo es que el Estado también debe beneficiarse de esas sobreganancias (que no tienen su origen en inversiones empresariales, sino en el alza extraordinaria de precios) para aumentar la recaudación tributaria e invertir en salud, educación e infraestructura, lo que mejora la competitividad. Juzguen los lectores –a partir de las experiencias de otros países como Chile, Reino Unido e Israel- donde está la inmoralidad.

Pintura por M. Ernst

domingo, 15 de agosto de 2010

Rentabilidad de mineras sobre el 40 por ciento

Fuente: La República

Enrique Larrea.

En un contexto internacional en el que los precios de los minerales vuelven a superar sus máximos históricos, el debate sobre la creación de un impuesto a las sobreganancias mineras vuelve al ruedo.

El pasado jueves, la ministra de Economía y Finanzas, Mercedes Aráoz, afirmó que su cartera junto con el Ministerio de Energía y Minas evalúan un posible aumento de las regalías mineras y de hidrocarburos.

Sin embargo, Aráoz fue enfática en descartar la creación de un impuesto a las sobreganancias mineras, pese a que solo entre las empresas que extraen oro y cobre en el Perú, este año, reportarán sobreganancias por encima de los S/. 14 mil millones, según estimaciones del economista Pedro Francke.

El discurso de siempre

Evidentemente, los mineros peruanos también niegan esta posibilidad. José Miguel Morales Dasso, ex presidente de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía, se mostró en contra de renegociar los contratos de estabilidad jurídica de las mineras. “Aplicar un impuesto de este tipo sería una mala señal para los inversionistas extranjeros”, manifestó.

No obstante, reconoció que lo recaudado por un impuesto a la sobreganancia hubiera sido muy superior a lo obtenido por el aporte minero voluntario. Pero agregó que el nivel de ejecución de dicho fondo es superior a lo que hubiera invertido el Gobierno.

Se deben renegociar

Para Pedro Francke es perfetamente posible iniciar una renegociación de los convenios de estabilidad de las compañías mineras.

“Si el presidente (Alan) García ha promovido la renegociación del contrato del gas, ¿por qué no puede suceder lo mismo con las mineras? De hecho, la experiencia internacional demuestra que hasta 30 países ya han renegociado estos contratos sin ningún perjuicio”, refiere el docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).

Afirma que la rentabilidad que están amasando las empresas mineras peruanas por el favorable y fortuito contexto internacional superan el 40%, cuando en el mundo se considera una rentabilidad muy buena entre el 12% y 15%. “Este beneficio adicional debe ser compartido por todos los peruanos”, reclama.

Francke recuerda que diversos economistas, en una reciente publicación del FMI, recomiendan la aplicación del impuesto a las sobreganancias y que el Perú no tiene por qué quedarse con las manos atadas.

Se complementan

José de Echave, experto en temas mineros, considera oportuno en un contexto internacional como el actual aplicar un impuesto a las sobreganancias.

Además, opina que deben eliminarse los contratos de estabilidad jurídica de las mineras, el beneficio tributario que permite deducir del Impuesto a la Renta (IR) y la reinversión de utilidades.

“Actualmente, una empresa puede reinvertir hasta el 80% de sus utilidades y entonces el IR se cobra solo sobre el 20%. Esta es una decisión privada que sólo va en beneficioso de la empresa y que no debería ser deducible de impuestos”, señaló.

Reacción

"Antamina por el beneficio tributario de reinversión de utilidades dejará de pagar varios millones del Impuesto a la Renta”.

José de Echave
Experto en temas mineros

El impuesto se aplica en el mundo

Según Pedro Francke, el Gobierno destina S/.168 millones en mejorar la salud y la protección social, cerca de una centésima parte, 1/100, de los S/. 14 mil millones que obtendrán este año por las sobreganancias en la explotación de oro y cobre.

Ya son cerca de 30 los países que han revisado sus contratos o sistemas tributarios en relación al petróleo desde 1999. Entre ellos Rusia, Canadá, Australia, Tanzania y Zambia.

Australia, uno de los países más importantes en esta materia, impuso un impuesto extraordinario (super tax) con una tasa del 30% a las utilidades extraordinarias de las empresas de hierro y carbón y 40% a las empresas de petróleo y gas. Este impuesto se cobra cuando las ganancias exceden el 12% de rentabilidad.

Pintura por Jim Dine.

lunes, 9 de agosto de 2010

Super tax e impuesto a las sobreganancias

Fuente: La República

Humberto Campodónico

La Primera Ministra de Australia anunció que el super tax a las utilidades de las empresas de hierro y carbón será de un 30% adicional, mientras que para las empresas de petróleo y gas será del 40%. Este super tax, cuyo nombre técnico es “impuesto a la renta de recursos naturales”, se cobrará cuando las ganancias de las empresas excedan la tasa de retorno del 12%.

De su lado, el jefe de Política Tributaria del FMI, Philip Daniel, dijo que “el super tax reforzaría las finanzas públicas del país en el largo plazo, a la vez que reduciría el riesgo para los inversionistas. A la vez, el super tax sigue dejando una parte sustancial de las ganancias de los recursos naturales en manos de los privados”. (AFP, 23/6/10)

Lo que está pasando en Australia no es una novedad. También sucede en otros países que tienen actividades extractivas (petróleo, minería) como Azerbaiján, República Dominicana y Botswana. La tendencia es la siguiente: la rentabilidad de las empresas mineras y petroleras no puede ser infinita. Tienen derecho a una tasa de ganancia adecuada, pues eso es lo que esperan de su inversión.

Pero, una vez obtenida esa ganancia adecuada (en jerga financiera, tasa interna de retorno, TIR), deberán pagar impuestos adicionales. Es lo que en el Perú se denomina impuesto a las sobreganancias mineras y petroleras.

El fundamento de este impuesto es simple: en los últimos años –sobre todo desde el 2005– los precios de las materias primas se han disparado debido al crecimiento de la economía mundial y al gran consumo de los países emergentes que se están industrializando y exportando a la vez, comenzando por China, India y Brasil, seguidos de otros tigres asiáticos. Por tanto, las rentabilidades esperadas se han ido a las nubes. Así, por ejemplo, los inversionistas de Antamina (en el año 2000, cuando la mina estaba en construcción) pensaban que el precio del cobre estaría en promedio en US$ 0.90/libra durante los próximos 20 años (ver gráfico). A ese precio la TIR era 14%, lo que les parecía super bueno. Y con el cobre en un (1) dólar la libra TIR era 16% –la gloria–.

Lo sucedido superó todos los cálculos, pues el precio del cobre y del zinc del 2005 en adelante ha sido el triple de los precios del 2000. Así, las utilidades de Antamina han sido de US$ 862, US$ 1,628, US$1,620, US$ 1,200 y US$ 1,010 millones del 2005 al 2009. En total, US$ 6,320 millones. Dicho de otro modo, solo en los dos primeros años recuperaron su inversión de US$ 2,300 millones y su TIR se volvió positiva. No solo eso, ahora su TIR es infinita.

¿Por qué, entonces, no modernizar las leyes peruanas y cobrar un impuesto a las sobreganancias mineras y petroleras? No basta con el impuesto a la renta, porque este no captura la sobreganancia. El procedimiento técnico puede ser el australiano o se puede estudiar otro distinto. La cuestión de fondo es que la sobreganancia que provenga de los recursos naturales debe ser para el país.

Dice el gobierno que no, porque se violarían los contratos-ley ya firmados. No lo creemos, porque las empresas sí estarían dispuestas a negociar. Pero, ¿y los contratos futuros? Aquí no habría obstáculo alguno, salvo la negativa de algunos analistas, como Cecilia Blume, quien acaba de declarar en este diario que los mineros no aceptarían un impuesto a las sobreganancias. Por favor, ni ellos dicen eso.

Por eso, así como ha hecho Australia (encima con el visto bueno del FMI) es necesario, ya, el impuesto a las sobreganancias mineras y petroleras. Los recursos naturales deben servir de palanca para financiar las necesidades del siglo XXI.

Pintura por Salvador Dalí.